jueves, 9 de diciembre de 2010

Texto Tarjetón legible



Este es el tarjetón, con la portada del libro, que invitaba a la presentación en Madrid. Fue en el Instituto Internacional de la calle Miguel Ángel de Madrid, el antiguo Colegio Estudio de reminiscencias institucionistas, en el coqueto teatro azul donde hicimos el homenaje al muy querido y muy añorado Gustavo Pérez de Ayala y en el que también presentamos, con Rafa Zarza, el vídeo de la Generación del 27.
   No he podido subir la verdadera invitación porque la tengo en imagen yo-qué-sé-qué que no se pega vaya-por-dios-señora. En ella campea el nombre de Rafael Reig, grandísimo escritor e insigne amigo, como único presentador, pero el muy tuno no estuvo presente. Bien es cierto que con don Rafa hay que andar con cuidado pues tan grande es su generosidad y disposición como la anchura de sus mangas para que caigan al suelo invitaciones y compromisos, bendito sea. El caso es que su amadísima Anita cogió paperas, circunstancia que yo sólo supe el día anterior cuando quise confirmar su asistencia, por lo que no acudió y nos quedamos huérfanos de su magisterio y buen humor. También falló a la cita pergeñada a última hora en busca de presentador, Javier Lorenzo, periodista y compañero de fatigas en los cronicones sobre la Historia en El Mundo, por otra de mayor enjundia supongo. Así que, descompuesto y sin padrino, ya que me había empeñado en tener sólo uno y ahorrar así al respetable el sopor de siete introductores, decidí, muy en torero frente a las Ventas, encerrarme yo solo con el morlaco y dar unos pases con lucido volapié final. Pero he ahí que al entrar al sarao apareció con su sonrisa mirífica y ojos achinados el gran Luis Racionero, viejo y leal amigo además de adalid de las letras hispanas. Ante los ojos incrédulos de Berenice, mi dulce editora, y la simpática Mercedes encargada del evento, que estarían horrorizadas, seguro, por la soledad de su pintoresco escritor, se operó el milagro.´
     -¿Por qué no me lo presentas tú, Luis?
     -Pues claro, hombre. A ver, cuéntame.
   Y el maestro lo bordó. No lo había leído todavía, claro, pero eso era lo de menos. Consiguió empatizar, enlazar y abrir surco con la gracia y el poder de un Publio Escipión ante la Asamblea de padres conscriptos.
   Lo pasamos estupendamente. La sala estaba prácticamente llena, había muchos amigos y el bueno de Indy grabó en vídeo de alta resolución para Literalia.tv, que aunque conocía entonces los dulces y entusiastas momentos de su arranque no lo emitió porque consideramos que era demasiado "de la casa" y sonaba a autobombo. Para que luego digan las lenguas viperinas.
   También "se estrenó" como asistente a un acto mío Juan Soto Ivars, el magnífico escritor y deliciosa persona con quien por entonces comenzaba a construir una amistad cierta, recién encontrados e intrigados ambos en el extinto Bandido Doblemente Armado de feliz memoria.
   Fuimos a tomar una copa al bar americano que está bajo los aposentos del inefable agitador Zarza Ardiente y aún recuerdo el aguante de Ignacio Gómez de Liaño, quien a pesar de su alergia al humo resistió hecho un mar de sonrisas.

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